CHAPULTEPEC, por Gustavo Baz PDF Imprimir E-mail
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CHAPULTEPEC[1]

(13 de septiembre de 1847)

Por Gustavo Baz[2]

 

I


Era aquel tiempo de luto

En que un grito resonaba,

Desde el palacio a las chozas

Desde el llano a las montañas,

Grito sangriento, terrible,

Grito de guerra y venganza!

Era aquel tiempo de luto

En que osado profanaba

nuestro suelo bendecido

El invasor con su planta;

El tiempo en que en los hogares,

Mientras que la madre anciana

Y los hijos y la esposa

Sin luz y sin pan lloraban,

Los hombres se despedían

Clamando guerra y venganza¡

El tiempo en que dos banderas

flotaban ensangrentadas,

Una diciendo conquista,

Y la otra derecho y patria;

Cuando insepultos los muertos

Nuestro ambiente envenenaban,

Y entre el horror del incendio,

Del pillaje y la matanza,

Del hambre y congoja llorando,

En calles, templos y plazas,

Hombres, mujeres y niños

Clamaban guerra y venganza!


II


Como la nube que estalla

Con siniestro resplandor,

Y se desata en torrentes

Y nubla la luz del sol,

Así por nuestras campiñas

De guerra al ronco clamor,

Oscureció nuestro cielo

La nube de la invasión,

Y entre cenizas y muertos

Su marcha triunfal abrió,

Y vino a estrellarse un día

A los pies de ese peñón,

Y en reemplazo de los hombres

Que la muerte se llevó

A defenderlo se alzaba

Un anciano, vencedor,

Al por qué de sus contrarios,

De su propio corazón,

Era Bravo, su destino

Por compañeros le dio,

Niños que no habían probado

El primer besos de amor!...

Cruzan el cielo las bombas,

Cruje el castillo, el cañón

Por los ámbitos anuncia

Con ronca y siniestra voz,

Que van a morir los hombres

Que avanza ya la invasión,

Y por tres veces seguidas

Detuvieron su furor

Los soldados del derecho,

A los pies de ese peñón!


III


Vano fue su valor, su esfuerzo inútil,

Volvió a la carga el invasor sangriento,

Y la victoria nos volvió la espalda,

Y se tornó nuestra ilusión en duelo.

Sobre esos muros débiles, trepando

Ebrios de sangre y de conquistas ebrios

Los invasores, sus sangrientas armas

Con débiles infantes los midieron,

Y los niños también, como los hombres

Por la patria también, morir supieron.

¡Día de gloria fue, sublima día¡

En medio del dolor y los lamentos

De la madre infeliz, entre el pillaje

Y de la guerra entre el fragor siniestro,

Lo que nunca se vence, la conciencia

De la historia inmortal a cuyo acento

Se humillan vencedores y vencidos,

Se doblan reyes y se postran pueblos,

En sus anales escribió indignada:

-“Vencedores no son los que el derecho

Violan así, los que sus armas férreas

Con niños y con débiles midieron”.

Y fue nuestra derrota nuestro triunfo,

Nuestra gloria de muerte, y nuestro templo

Las tumbas de esos niños que en esa hora

A la patria de escudo sirvieron!


IV


Así el invasor osado

A pesar de su altivez,

Por cada palmo de tierra

Nos entregaba un laurel,

Por nuestra justicia fuertes

Y fuertes por nuestra fe,

No cedimos un instante

Ante la invasora grey

¡Y hoy en tu bosque sagrado

Encierras, Chapultepec,

Un monumento de gloria

Bajo de cada ciprés!



[1] Poesía leída en el bosque de Chapultepec con motivo del XXVII Aniversario de la Defensa del Castillo de Chapultepec. Texto tomado de la publicación El Asalto al Castillo de Chapultepec y los niños Héroes, México, Departamento del Distrito Federal, Vol. 5, 1983 (Colección Conciencia Cívica Nacional), p. 89-93. Se publicó por primera vez en El Eco de Ambos Mundos, 10 de Septiembre de 1875.

[2] Nació en el Estado de México el 31 de enero de 1894 y murió en la Ciudad de México el 12 de octubre de 1987. Fue médico, político y revolucionario mexicano, que ocupó los cargos de Gobernador del Estado de México, Senador y Secretario de Salubridad y Asistencia.