Los Niños Héroes, un símbolo, por Lorenza Espínola PDF Imprimir E-mail
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Uno de los monumentos más visibles e importantes de la primera sección del bosque de Chapultepec es el hemiciclo formado por seis enormes y robustas columnas blancas dispuestas en semicírculo que resguardan la figura de una mujer, que con el brazo derecho abraza orgullosamente a un joven; en la mano libre, una bandera. En medio de las columnas, ondea la bandera de México, uno de los símbolos patrios que nos dan identidad como mexicanos.


Este monumento se inauguró en 1952 y desde entonces, en ese lugar, los días 13 de septiembre se rinden honores a los llamados Niños Héroes, aquellos jóvenes cadetes que combatieron heroicamente en la famosa defensa del Castillo de Chapultepec frente al ejército estadunidense. En este sitio, conocido como el “altar de la patria”, se supone que están enterrados los niños héroes, sin embargo, después de la batalla fue imposible recuperar sus cuerpos, pues eran muchos los muertos y cada uno de los cadetes falleció en un lugar distinto en medio del caos y la confusión. Por lo tanto, el monumento es tan sólo una obra para recordar sus hazañas.


El espacio diseñado por el escultor Ernesto Tamariz y el arquitecto Enrique Aragón es sobrio y frío, por el blanco del mármol de Carrara, que predomina en toda la obra. Las proporciones son a la usanza clásica: medidas para los dioses, en donde el ser humano se siente pequeño, insignificante. No podía ser de otra manera, ya que se trataba de homenajear a nuestros héroes, personas que al morir por la patria toman su lugar en el panteón nacional. Visto de este modo, no sorprende que hayan elegido como escultor a Ernesto Tamariz, quien sobresalió por sus obras funerarias y religiosas, ya que se requería de un monumento que reflejara la grandeza de los héroes a manera de dioses protectores de la nación.


Mucho se ha discutido acerca de la grandeza de estos seis jóvenes cadetes que defendieron su Colegio, y sobre todo, a su patria de la invasión estadunidense, lo que no se puede negar es que combatieron en una batalla que sabían perdida, junto con muchos otros hombres que murieron en el anonimato.


Quizá fueron estas mismas interrogantes las que llevaron a estos dos artistas a desarrollar dicho monumento sin rostros, pero representativo del momento heroico; heroico no sólo por la participación de Juan de la Barrera, Agustín Melgar, Fernando Montes de Oca, Vicente Suárez, Juan Escutia y Francisco Márquez, sino también por el medio centenar de cadetes que lucharon allí, así como el batallón de San Blas, dirigido por el teniente coronel Felipe Santiago Xicoténcatl, que se sumó a la defensa del Castillo cuando estaba por caer en manos del enemigo, así como los más de 600 miembros del ejército mexicano que perdieron la vida aquel 13 de septiembre de 1847.


Los mexicanos se enfrentaron durante casi dos años y medio a los estadunidenses, más allá de su capacidad militar, y a pesar de las fracturas entre los diversos sectores sociales y los intereses políticos de los distintos grupos que no dejaron de pelear entre sí aun frente a la guerra.


Visto de esta forma, se puede hablar de que los “seis niños héroes” representan a los hombres que defendieron a la patria de la invasión estadunidense y de su insaciable sed de expansión. Un deseo que respondía a la doctrina Monroe, resumida en la frase: “América para los americanos”. Esto significaba que Estados Unidos tenía derecho sobre las otras naciones americanas, antes que cualquier nación europea.


Pero México resistió los ataques por más tiempo del que tenían planeado los estadunidenses, pues ellos esperaban una guerra corta y con resultados aún más favorables. Querían poseer todas las tierras algodoneras para dominar esa industria, de igual forma, obtener toda California para tener una puerta al océano Pacífico, y –el todavía utópico– mercado con Asia. Aun así, México conservó Baja California y logró mantener unida a Sonora por tierra, salvaguardando de esta forma a la Patria.


La Patria se encuentra plasmada en la figura femenina del centro del monumento, custodiada por las seis columnas que representan a los Niños Héroes. La mujer fuerte, desafiante, que mira de frente y sin temor a su enemigo. Toda esa fortaleza protege al joven como cualquier madre lo haría con su hijo, pues se trata de la Madre Patria a la que abrazan los héroes, y a su vez ésta resguarda al joven o niño héroe, unidos los dos por la bandera nacional.


El nombre del monumento es A la Patria, pues representa su defensa a cargo de los alumnos del Colegio Militar, el batallón de San Blas y el Ejército mexicano, simbolizados en la figura de estos “seis niños héroes”, que combatieron hasta la muerte por su Nación. Este acto ha pasado a la historia nacional resaltando la valentía de los jóvenes a quién se les denominó como niños en el siglo XIX, a pesar de que algunos tenían más de 16 años. Dicho acontecimiento glorificó el periodo histórico, siendo que la guerra contra Estados Unidos estuvo llena de fracasos y pérdidas militares, pero la historia oficial decidió exaltar el amor a la Patria de los mexicanos, siendo este sentimiento el que perdura hasta hoy en día.